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Absurdo

Tengo fobia a los peces naranjas.No puedo con ellos. De verdad.
Es verlos y me dan ganas de lanzarlos a la pared, para que no sea blanca.
Son tan pequeños, con esa cara de tontos... pero yo sé que traman algo,
y se quieren reír de mí. Teo siempre dice que me obsesiono, que debería
ir al psicólogo, que lo mío no es normal...claro. Él puede obsesionarse con que
me tiro al vecino que lee cómics de hace mil años y yo no puedo pensar
que los putos peces naranjas conspiran entre ellos.

Pum

Hola, me llamo Paula.
Me gusta la ropa de rayas, las sábanas de lunares y los manteles de cuadros.
Me gustan las ardilas, los peces naranjas y los tucanes (y los chicos tucanes).
Bueno, sólo un chico tucán. No, miento, miles.
Lo que más me chifla sobre todas las cosas es ponerme jerseys enormes y pasear por el pasillo de casa así, en calcetines y jerseys, como si fuera una peli en la que chica desesperada aguarda a que chico enamorado le traiga pastas de té y chico enamorado pase a ser chico desesperado e intente besarla pero chica desesperada pase a ser chica difícil y juegue con él. Un lío.
Una de mis películas favoritas es Desayuno con Diamantes, ¿¡Cómó esa mujer no encontraba a su caballero con córcel?! Tan requete ella (requete guapa, requete guay, requete elegante). Yo no me lo explico. Y volviendo a mí, soy una cría. Pero una cría de las maduras, y me amo. Por eso digo que soy madura, porque si no me lo digo yo...Tirarse el día delante del espejo es uno de mis pasatiempos favoritos. Despues de espiarle (dibujo de corazoncito). Sólo me faltan unos prismaticos para ser la mejor acosadora. Es uno de los chicos de los que me engancho pero luego me quito el mono muy rapidamente, y me aburro. Pero mientras dura mi adicción es todo muy bonito, de verdad. Pero no os voy a soltar la biblia sobre mi vida sentimental. Sólo deberíais saber una cosa muy importante, por si me quereis invitar a vuestra casa a comer, o algo...: Mi comida favorita son las espinacas.
Aunque no estoy musculada como Popeye, no, más bien soy todo lo contrario.
Ah, y tengo un propósito: Bailar desnuda bajo la lluvia al ritmo de música electrónica.
Mola ¿eh?


Feliz fin de semana
(Felices letras galegas!)

Pum

Me gustaría que te fijaras en lo guapa que me he puesto.
Me gustaría que te fijaras en lo limpio que está todo.
Me gustaría que me gustaras.
Me gustaría que te gustara.
Me gustarías tú.

Dictadura.

Escúchame atentamente, sólo lo diré una vez:
Ahora vamos a entrar a esa habitación, me voy a tumbar en la cama, esperaré  que estés listo, me darás un beso y te abrazaré cuando hayas apagado la luz. Y más te vale no hacer ruido con tu respiración, así no hay quien concilie el sueño.

¿Asesinato?

Resbalan tus dedos por el papel floral, agonizantes, mientras los míos rebalan por la daga que te acabo de clavar.






Tapetes.

Caníbal.

Aléjate de mí, no he comido, tengo hambre, y eres lo más apetecible que está a mi lado (además de las sabrosas cajas de zapatos). Bueno, aléjate, aléjate a no ser que tengas salsa de tomate.
Sólo es pintauñas rojo cariño, no hay de qué preocuparse.

Paciencia.

Chapoteaba en los charcos con sus botas amarillas.
Y me empapaba, que era lo peor de todo. A mí y a mi cigarro.
Me daban ganas de coger sus botas, hacérselas tragar, y que le quedaran atravesadas en la garganta, como una serpiente atragantada con un conejo. Y me quedaría mirándola hasta que sus gruñidos y gritos ahogados de socorro se desvanecieran para siempre. Pero era imposible matar a una chica tan guapa, con esa risita nerviosa tan cristalina, que te daban ganas de comértela. Entonces, y sólo entonces, me resigné y metí las manos en los bolsillos, en silencio, mientras mi ropa parecía recién salida de la lavadora, y mi rostro goteaba.

Chan chan chan.

Me gustan tus camisas y me ponen tus orejas.
Eso decía la chica.
Pero él, con esas orejas tan bonitas, no la escuchaba.
Si esque a veces lo feo es útil,
pero lo bonito adrona.


Joder jo der jod er jode r j od er.

Cruza los dedos.

Escapó a la costa. Pagó dos billetes de tren y viajaba sola.
Podría pensarse que faltaba su acompañante, ¿un plantón?¿fallecimiento?¿o quizá ruptuta?.
Pero aquello no tenía ni pies ni cabeza.
Cuando preguntaban por qué aquella mujer compraba dos asientos, ella respondía que mantenía la esperanza de conocer a alguien, e invitarle a que se sentara con ella.



Engaño, autoengaño.

Din don.
¿Quién es?
Din don.
¿Quién es?
Din don
¿¡Quién es?!
Din don.
¿¡QUIÉN ES?!
Venga, si sabes perfectamente que soy la que se va a tirar a tu marido.



Medias de rejilla.




Acuchillada.
Allí, sobre aquellas baldosas grises y gastadas por el paso del tiempo yacía el cuerpo pálido de la dama del Sena, de Margott.
Sus labios bañados en carmín estaban entreabiertos como se abren al suspirar, aquel suspiro era de ayuda.
El vestido negro con remates en seda que le había robado a la esposa de uno de esos clientes ricos que ella usaba estaba tintado del rojo de su sangre. Y el cuchillo rodó calle abajo, haciendo resonar el metal a sus pasos.
El pelo de la joven estaba alborotado, y el insensato de su amante, el asesino, había decidio peinarla antes de desaparecer entre las sombras. "La maté por serme infiel". No querido, no te era infiel, sólo hacía su trabajo.

Desgracia en el tejado.

Entonces aquella teja se rompió.
En medio segundo el cuerpo de la pequeña Lenora era salvado de un viaje a la muerte por un trozo de tela que pertenecía a su vestido que se había enganchado a una viga.
Y en medio minuto experimentó varias sensaciones.
Angustia , cuando se le pasaba por la cabeza la idea de caer al vacío si la prenda se rompía. ¿Dolería mucho?
Nerviosismo, ¿bajaría algún día de allí? ¿Alguien la vería?
Vergüenza, desde el suelo se llegaban a contemplar su ropa interior, blanca con remates rosados. ¿Y si pasaba por allí alguno de los chicos?

Y cuando fue a juntar las piernas para que la visión fuera menos precisa, el vestido se deshiló. Y en el tiempo en el que la muchacha de cabellos negros tardó en gritar, su cuerpo se precipitó al suelo.
Se pudo oir a la perfección el roce de los zapatos de charol, los zapatos especiales para los domingos, con el suelo. También se pudo ver perfectamente cómo Lenora cerró sus jóvenes párpados lentamente, y cómo
sus rodillas blanquecinas comenzaban a emanar un líquido del color de las manzanas, los pintalabios y la salsa de tomate. Pero aquella salsa de tomate dolía.

Fallo.

Sonido de zapatos sobre baldosas.
Respiración acelerada.
Pestañeo intermitente.
Te giras.
Allí está ella, con una chaqueta morada, tal y como habias previsto. Tú también llevas un cigarrillo en la boca, cómo te había indicado.
Os acercais.
Estás a punto de rozar con tus labios sus mejillas cuando ella se aleja y deposita un papel en tu bolsillo.
Miras desconcertado cómo se aleja.
Rapidamente, abres la nota.

"¿No creerás que te voy a dejar darme un beso con ese aroma de tabaco, verdad?"


Compás terciario.




















Siempre recordaré, cuando elevabas los brazos, y entreabrías los labios,
imaginándo que tocabas el clarinete, porque no podías comprarte uno.
Y tambien recuerdo que el día que te lo regalé,lo tiraste a la basura,
y te excusaste: "así es menos emocionante".