Fallo.

Sonido de zapatos sobre baldosas.
Respiración acelerada.
Pestañeo intermitente.
Te giras.
Allí está ella, con una chaqueta morada, tal y como habias previsto. Tú también llevas un cigarrillo en la boca, cómo te había indicado.
Os acercais.
Estás a punto de rozar con tus labios sus mejillas cuando ella se aleja y deposita un papel en tu bolsillo.
Miras desconcertado cómo se aleja.
Rapidamente, abres la nota.

"¿No creerás que te voy a dejar darme un beso con ese aroma de tabaco, verdad?"


1 comentario:

La niña imantada dijo...

No tiene porque dejarle darle un beso, pero se podía dear meter algo de mano o algo así. O podían simplemente hablar, ¿no?
¿O es que ahora hablar ya no es necesario?
Desde luego, que cosas.