Hoy he ido a comprar té.
Tengo tantos sobrecitos nuevos con olores exóticos que mi cocina parece la jungla amazónica ( ahí hay frutas deliciosas, ¿verdad?). De momento el que más me gusta es el de mango, es dulce pero sin pasarse, y hasta parece que estás exprimiéndolo con su sabor, porque Álvaro dice que se exprimen (pero yo se que es mentira). Compré seis y los hemos hecho todos. Una taza distinta para cada uno. Y luego, con lo que ha sobrado de "la cata", hemos regado las plantas. A lo mejor me salen melocotones en los narcisos, o...¡mejor! Limones en las acelgas. Seguro que a Álvaro le chiflaba, le gusta todo lo extraño (como yo). A veces me mira muy fijamente durante trece segundos y diez centésimas exactas (mi reloj es genial, eh?) y luego me sonrie. Y se le forman esos hoyuelitos tan monos. Esta visión es más placentera con el té de mango en la boca. Voy a tener que pedirle que me avise antes de que me examine con esa atención para que me de tiempo a calentar el té. Así es más factible, ¿no?
Mostrando entradas con la etiqueta Olga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olga. Mostrar todas las entradas
Caben dos personas
Mi bañera es muy grande.
Es como esas de películas antiguas, ¿sabes cómo digo?
Redonditas, blancas y brillantes. Sólo falta Audrey Hepburn dentro dándose un baño con mucha espuma. Yo también me doy baños así, pero no tengo cara de película.
Y tengo un pato de goma, verde, de lo más bonito.
Pero yo no lo uso, que tengo diecisiete años, soy una persona demasiado madura para esas cosas (en realidad no, me encanta meterlo en la bañera y hacer el ruido de los patos mientras me enjabono).
Y las chicas guapas beben champán mientras se quitan la espuma, pero a mi siempre se me acaba metiendo espuma en la copa, y el champán no sabe tan bien. Pero lo mejor de mi bañera es que al ser tan grande caben dos personas. Y siempre que me descuido Álvaro está dentro de ella, con las gafas de bucear puestas, para darme un beso submarino y espumoso, como las burbujas del champan que no tomamos.
Es como esas de películas antiguas, ¿sabes cómo digo?
Redonditas, blancas y brillantes. Sólo falta Audrey Hepburn dentro dándose un baño con mucha espuma. Yo también me doy baños así, pero no tengo cara de película.
Y tengo un pato de goma, verde, de lo más bonito.
Pero yo no lo uso, que tengo diecisiete años, soy una persona demasiado madura para esas cosas (en realidad no, me encanta meterlo en la bañera y hacer el ruido de los patos mientras me enjabono).
Y las chicas guapas beben champán mientras se quitan la espuma, pero a mi siempre se me acaba metiendo espuma en la copa, y el champán no sabe tan bien. Pero lo mejor de mi bañera es que al ser tan grande caben dos personas. Y siempre que me descuido Álvaro está dentro de ella, con las gafas de bucear puestas, para darme un beso submarino y espumoso, como las burbujas del champan que no tomamos.
Regalo a destiempo.
Olga corría desesperada intentando que él se parara. Le dolían los pies ya que sus zapatos se habían ido a casa.
-¡Espera! ¡Espérame!
-¿Se puede saber qué haces descalza?
-Yo, bueno, mis zapatos se fueron.
El chico bufó, y mientras apagaba el cigarrillo la miró con ternura.
-Olga, tengo que irme, el bus pasa en tres minutos...
-Tú nunca vas en bus.
-Para todo hay una primera vez.
-Como quieras, pero toma esto.
Ella puso una de sus manos sobre los ojos de Álvaro, y despues de darle un beso en la mejilla, de esos que él decía que sabían a fresa, le dio unas manoplas.
-Las hice yo, son azules.
-Son, guays, pero es primavera, no hace frío.
-Yo tengo frío.
-Estás en manga corta Olga...
-¡Sí! Pero no tengo zapatos. Y además, cuando las empecé hacía frío.
-¡Espera! ¡Espérame!
-¿Se puede saber qué haces descalza?
-Yo, bueno, mis zapatos se fueron.
El chico bufó, y mientras apagaba el cigarrillo la miró con ternura.
-Olga, tengo que irme, el bus pasa en tres minutos...
-Tú nunca vas en bus.
-Para todo hay una primera vez.
-Como quieras, pero toma esto.
Ella puso una de sus manos sobre los ojos de Álvaro, y despues de darle un beso en la mejilla, de esos que él decía que sabían a fresa, le dio unas manoplas.
-Las hice yo, son azules.
-Son, guays, pero es primavera, no hace frío.
-Yo tengo frío.
-Estás en manga corta Olga...
-¡Sí! Pero no tengo zapatos. Y además, cuando las empecé hacía frío.
Casualidad.
Ayer compré una regaliz roja. Era gigante. Pero gigante de verdad. Debía de medir como tres metros. Pensé que no podría con ella entera. Y cuando llevaba un metro y medio me quedé a explotar. Me senté en un banquito de madera, en el que me besaste aquel día cuando pasó la señora de los calcetines verdes. Y a la media hora llegaste tú, y te sentaste (era más que visto que te ibas a sentar). Y tras un buen rato tuve una muy muy buena idea. Me ayudaste a acabar la regaliz, y recreamos la escena de la Dama y el Vagabundo ¿ sabes cual digo? esa en la que comen pasta y albóndigas. Digamos que eres la mejor albóndiga del mundo.
Olga quiere transformarse.
Tengo cinco gatos: Doña Primavera (mi ñiña mimada, que no para de acicalarse las patas), Manchitas (me a roto tres cojines en dos meses), Señor Pumpin (dormilón por excelencia) ,Capitán (el más activo) y Mr Kidman ( el seductor ).
Viven en mi trastero, y voy todos los días a visitarles. Mi madre no lo sabe, y mi novio Álvaro tampoco,¿por qué?, bien, hay dos razones de lo más importantes:
1) A mi madre se le hincharía la nariz y empezaría a estornudar, y a mí se me hincharía la cara de el manotazo que me daría.
2) Mi novio les tiene miedo.
Pero a mi me encantan. Son tan dóciles, cariñosos , vagos, y tan tontines... me recuerdan mucho a mí. De mayor quiero ser un gato. Gordo y blandito. Y mi novio superará su meido y me estará dando mimos, no como ahora, que me ignora un poquito, quizá esté empezando a transformarme y me tenga miedo. ¡Jo! A ver si me salen esas orejas triangulares tan monas. Y quiero que me llamen Misifú, como las buenas gatas. O quizá Albaricoque. O simplemente Olga. Pero quiero un cascabel. Y que cuando haga el amor con Álvaro suene mucho, pero mucho.
Viven en mi trastero, y voy todos los días a visitarles. Mi madre no lo sabe, y mi novio Álvaro tampoco,¿por qué?, bien, hay dos razones de lo más importantes:
1) A mi madre se le hincharía la nariz y empezaría a estornudar, y a mí se me hincharía la cara de el manotazo que me daría.
2) Mi novio les tiene miedo.
Pero a mi me encantan. Son tan dóciles, cariñosos , vagos, y tan tontines... me recuerdan mucho a mí. De mayor quiero ser un gato. Gordo y blandito. Y mi novio superará su meido y me estará dando mimos, no como ahora, que me ignora un poquito, quizá esté empezando a transformarme y me tenga miedo. ¡Jo! A ver si me salen esas orejas triangulares tan monas. Y quiero que me llamen Misifú, como las buenas gatas. O quizá Albaricoque. O simplemente Olga. Pero quiero un cascabel. Y que cuando haga el amor con Álvaro suene mucho, pero mucho.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)