Típica historia de amor pasional sin derecho a roce. Sin sentido.



Ella solía decir que aunque estuvieran a veinte metros de distancia ya temblaba de nerviosismo.Reventaba de ganas por tenerle a su lado, tan cerca de ella que pudiera oír sin esfuerzo alguno el ruído de sus órganos al funcionar. Sólo al mirarla se sentía desnuda. Y cuando estaba con otras deseaba clavarle mil puñaladas a cada una, por zorras.
Arrancarles el pelo a mechones, y romperle las pestañas. ¿¡ Por qué tipo de mierda no podía él fijarse en ella !? ¿¡ Por qué siempre la tomaba por una amiga cualquiera. y le contaba sus filtreos !?
Mierda, joder, asco, puta, puaj. Eso sentía ella, puaj incluído. Se daba asco por no tener lo que hay que tener para decirle lo que en realidad sentía, y dejarse de victimismo. Pero sólo conseguía lanzarle indirectas sin efecto, sin nada que le sonara extraño. Inepta. Sí. Eso era ella. Y ya está. Le seguirá contando todos sus relatos eróticos de una noche, y lo guapa que era aquella chica, lo mal que ebsaba la otra. Pero de ella pasará por encima, total: ella , con su estúpido ataque de nervios no conseguiría reaccionar si llegara el deseado momento.


2 comentarios:

La niña imantada dijo...

Yo deseo clavarle mil puñaladas a mil personas diferentes. A algunas incluso más.
Resulta que los hombres suelen ser unos insensibles o, al menos, unos que no se dan cuenta de nada. Así que con pequeñas indirectas no sirve, está claro.
En fin, no sé, mejor como amigos que como nada.

eightdaysaweek dijo...

Me veo reflejada!puto nerviosismo y putas las otras! mataré a todas las putas novias de los putos gilipollas muahaha