pájaros de papel.


Quiéreme despacio,
bésame deprisa,
los besos no se acaban 
y el corazón no se gasta.

Deslicé mis dedos por 
tus costillas, padecí el
complejo de pianista por
segundos, catándote.

Lo que nos contamos,
en un susurro eterno,
es el equipaje del viaje
que hacemos todos los días.

Despegamos los pies
de la tierra,volamos como
las golondrinas en invierno.

Somos acróbatas del aire,
bebemos constelaciones y
no nos separamos.

(pero nunca cogemos un avión.)

rev.

Se nos queda pequeño el mundo. Tenemos que caminar a pasos diminutos, ya que si damos una zancada corremos el riesgo de caer al vacío, aunque en el espacio no hay gravedad, lo cual sería más catastrófico, flotar en la nada eternamente. Nuestra generación no está hecha para limitaciones, queremos dar grandes paseos, recorrernos el Universo y poder gritar a pleno pulmón lo amplio y extenso que es todo lo que nos rodea, que aún tenemos cosas por descubrir y batallas por librar. No pido una revolución, pido una liberación, Soltadnos de las ataduras que nos prohíben caminar, romped las mordazas que no nos dejan hablar, y retirad las cintas que tapan nuestros ojos, para que podamos admirar lo bello que es el mundo, para observar los errores y conseguir el bien más preciado: la democracia igualitaria. Sólo tenemos que dejarnos la piel en el camino, regalarle toda la fuerza al destino, y cuando sintamos que los latidos se apagan, que nos desgastamos, y que el cansancio es insaciable, que nos derrumbamos, sólo será un pequeño atisbo de lo que tendremos que vivir, para que en un futuro no muy lejano (si es que estamos dispuestos a luchar) esta sociedad conformista llegue a su auge, a su apoteosis, y consigamos al fin, lo que tanto hemos soñado, la libertad, y las ganas de más.

Respirando oxígeno nuevo y encharcados de amor

Un lazo de seguridad unía sus mejillas. Y cuanto más unidos y cerca se hallaban el uno del otro, más se querían. Y más calor tenían. Sudaban amor por los poros de su piel y respiraban alientos de segunda mano. Pero era todo compartido, eran dos en uno. Cuando ella adelantaba el pie izquierdo inmediatamente él afianzaba el derecho para poder avanzar un paso, y así hasta llegar al Himalaya. Querían viajar hasta esa gran cima para ya no tener más calor y poder seguir viviendo juntos. Al llegar, en pleno enero, se produjo el más rápido de los deshielos, y al darse cuenta de que esa temperatura que emanaban al estar juntos era inevitable e irremediable (y no querían separarse) tomaron la decisión de desplazarse cada poco tiempo a distintos lugares del mundo, con una única característica: gélidos. Y así, cuando en los telediarios y periódicos hablan de glaciares destruidos o de Polos inundados, son ellos que avanzan, uno cada pie, por el mundo, respirando oxígeno nuevo y encharcados de amor. Porque el calentamiento global no existe, sólo son dos seres tan apegados el otro que desprenden más calor que el sol en agosto ( y luchan por sobrevivir).