Ven, sin miedo, acompáñame a un lugar donde estemos solos, donde pueda observarte sin mayor distracción que la del viento al mover tu pelo al ritmo de una cuna, durmiéndote a ti, y haciéndome soñar a mí. Quiero contar tus lunares en voz baja y darte el resultado de la suma en promesas, no, mejor, en hechos (y aún no he acabado de contarlos). Permíteme decirte lo que no me gusta de ti, para que cuando estés ya frunciendo el ceño, te robe la sonrisa enumerando tus virtudes. Vayamos de paseo por ese lugar, con la libertad que nunca hemos tenido, dejando de ser los títeres de la sociedad que somos a diario. No te preocupes si no estás acostumbrado a caminar por ti mismo, yo te ayudaré a dar el primer paso. Compraremos acuarelas e iremos pintando atardeceres cuando queramos despedirnos del sol, y le llamaremos de nuevo una vez aburridos de jugar con luces de linternas, inspeccionándonos. Aliméntame de tus secretos, que yo me encargo del resto. No hay llave para la puerta, siempre está abierta para ti (como mis entrañas).
24/10/2012

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